PUEBLOS

Dieciocho pueblos componen el término municipal de Biescas, pueblos dinámicos, con mucha historia, con entornos naturales excepcionales o incluso pueblos que fueron abandonados por diferentes motivos. Debido a la gran cantidad de estos, la Tierra de Biescas posee un riquísimo patrimonio arquitectónico y también cultural, un conjunto de gran diversidad y encanto.

¡Descubre cada uno de ellos!

Biescas

Biescas es la capital del municipio que lleva su nombre, villa situada a 875 metros de altura, bañada por las aguas del Río Gállego y arropada por las Sierras de la Partacua y Tendeñera.

Su situación estratégica, ya en la Edad Media, hizo de Biescas una de las villas más importantes de todo el Pirineo. Durante años, fue un importante centro de desarrollo económico y hoy en día se ha convertido en un referente turístico a nivel nacional, uno de los enclaves estratégicos más visitados de todo el Pirineo, pues es un auténtico eje de comunicaciones con el Valle de Tena, el Serrablo, el Valle de Broto y Francia.

Esta dinámica villa está dividida por el mismo río Gállego en dos barrios muy bien diferenciados que toman el nombre de las iglesias que los coronan, San Pedro y el Salvador, muy recomendables para su visita, así como el Museo de la Torraza, un edificio con un tipo de arquitectura bellísima construido en el siglo XVI.

Orós Alto

Orós Alto es un pequeño pueblo situado a muy pocos kilómetros de Biescas que se encuentra a 850 metros de altitud, un pueblo que vive del turismo pero donde también se sigue apostando por la agricultura y ganadería. ¿Sabes que junto a este pueblo se encuentra Orós Bajo y curiosamente está más alto que Orós Alto?

Orós Bajo

Localidad situada a 856 metros de altitud donde destaca su iglesia del siglo XI, una de las iglesias que se incluyen en el conjunto serrablés. Además, a muy pocos metros del parque infantil del pueblo se encuentra uno de los rincones más espectaculares de nuestra tierra. Se trata del barranco d’os Lucars, un precioso escondite excavado en la piedra con un salto de agua que termina en una idílica poza para darte un buen baño de verano.

Oliván

Oliván es una atractiva localidad con un bonito conjunto urbano tradicional en el que, dando un paseo por sus calles, se pueden observar ejemplos muy notables de la arquitectura popular. Cabe destacar también la iglesia románica dedicada a San Martín y construida en el siglo XI, una de las más bonitas de la Ruta de Serrablo.

Escuer

Escuer es un precioso pueblo situado junto a la carretera que da acceso a Biescas, aunque lo curioso es que este no es realmente el pueblo antiguo, sino el conocido como Escuer Nuevo. El Escuer Viejo se encontraba unos metros más arriba del emplazamiento actual y todavía se conserva en él una torre fortificada construida en el siglo XV y a la que se puede acceder por una pista, pidiendo autorización y llave en el Ayuntamiento de Biescas.

Javierre del Obispo

Javierre del Obispo es una pequeña localidad del municipio de Biescas con una conservada arquitectura popular y rodeada de preciosos bosques de abetos, arces, hayas, tilos o robles. Aunque sin duda, el bosque más conocido y con más encanto es el Cajicar de Javierre, un bosque de robles (caxicos en aragonés) de un altísimo valor natural.

Gavín

Gavín es una encantadora localidad que viste sus casas de piedra con cientos de flores de colores en los meses más calurosos del año. Es la sede de eventos deportivos de primer nivel de running y BTT, como las Crestas del Infierno o la Xtrem Gavín. Muy cerca de este pueblo, se encuentra el Monasterio de San Pelay, de origen románico, construido en el siglo XII y redescubierto en los años 90.

Barbenuta

Barbenuta, una localidad que ha sabido recuperarse y reinventarse tras la absoluta despoblación que sufrió hace unas décadas. Imprescindible su visita ya que allí se encuentran las viñas más altas de toda la península ibérica y una antigua escuela recuperada que han hecho que el pueblo recobre vida.

Espierre

Se trata de un pueblo situado en las alturas de la Tierra de Biescas, donde su conjunto urbano y sobre todo las ermitas dedicadas a Santa María y San Juan, cobran gran importancia. Ésta última fue construida en el siglo XI pero rehabilitada a finales de la década de los 80 y contiene unos detalles arquitectónicos exquisitos.

Aso de Sobremonte

El Sobremonte conserva el ambiente tradicional y natural pirenaico, una zona con unas impresionantes vistas de toda la Tierra de Biescas, donde se encuentra las Señoritas de Arás, unas espectaculares columnas de gran valor científico y modeladas durante miles de años. Hablar de Aso, es hablar de autenticidad pues se trata de un rincón precioso en pleno Pirineo.

Yosa de Sobremonte

Su conjunto arquitectónico y el entorno en el que se sitúa hacen que el tiempo se detenga. Enamórate de su arquitectura tradicional pirenaica con sus arcos de medio punto y escudos centenarios. Y si la oportunidad se brinda, degusta las patatas, pues las de esta zona son famosas por su gran calidad y sabor.

Betés de Sobremonte

Sobremonte, en aragonés Sobremón, que significa Sobre el Monte. Y efectivamente ocurre que estos pueblos se sitúan en una zona altísima, siendo Betés el más alto de los tres. Pasea por sus calles, descubre su arquitectura, principalmente sus chimeneas y disfruta de la paz y tranquilidad que te produce el estar tan cerca del cielo que te rodea.

Ainielle

Ainielle es uno de los pueblos que componen el Sobrepuerto, uno de los valles más evocadores de todo el Pirineo y a su vez, una zona completamente despoblada desde hace 50 años. La zona de Sobrepuerto y en particular Ainielle, es muy conocida ya que el escritor y periodista Julio Llamazares escribió una novela inspirada en este pueblo abandonado “La lluvia amarilla”. Pueblo que además cada otoño es recordado y visitado por un grupo de excursionistas que acceden a hacer la llamada “Senda amarilla”, en honor a este famoso libro y su historia.

Susín

Susín, un enclave perfecto y de una belleza exquisita donde sus casas y como no, su iglesia, forman un conjunto que no pasa desapercibido. Susín fue un pueblo que, como otros tantos, fue abandonado en la década de los 60. En la segunda mitad de los años 90 y con la ayuda de jóvenes, campos de trabajo, scouts y todo tipo de voluntarios, comenzaron a realizarse labores de mantenimiento y reconstrucción. Así, aunque el pueblo no esté habitado en la actualidad, goza de una arquitectura cuidada y una tranquilidad más que especial.

Casbas

Casbas está ubicado sobre la orilla izquierda del Barranco de Oliván y fue abandonado al igual que otros pueblos de los alrededores, en la década de los cincuenta. Al contrario que Susín, Casbas no fue recuperado por lo que hoy en día se encuentra completamente en ruinas y abandonado.

Piedrafita de Jaca

Se trata de una localidad muy turística situada a los pies de la Sierra de la Partacua y la imponente Peña Telera. Un pueblo que ha sido fiel a su arquitectura popular conservando aún hoy en día portaladas con arcos de medio punto o escudos centenarios. Su entorno natural es de una belleza exquisita, destacando principalmente el Ibón y el Arco de Piedrafita, un arco geológico natural cuya estructura actual ha sido fruto de la erosión y desde donde se puede contemplar una de las mejores panorámicas del embalse de Búbal y de todo el Valle de Tena.

Búbal

Búbal fue uno de los muchos pueblos de Aragón que fueron abandonados, esta vez, por la construcción de un pantano. Parte del pueblo quedó bajo sus aguas y la gente que vivía allí tuvo que marchar. Sin embargo, la parte alta del pueblo no se vio afectada por esta construcción y pasó a formar parte en el año 1984 del Programa de Recuperación de Pueblos Abandonados. Así, durante décadas el pueblo ha sido recuperado y rehabilitado por varias generaciones de jóvenes y han hecho de cada rincón de Búbal, una auténtica joya arquitectónica.

Polituara

Polituara es otro de los núcleos deshabitados que componen el municipio de Biescas. Situado justo bajo la presa del embalse de Búbal, este pueblo fue abandonado en la década de los 70 a causa precisamente, de la construcción del embalse. Durante años, Polituara ha estado completamente abandonado hasta que en 2012 se revirtieron sus ruinas y uno de los propietarios comenzó a rehabilitar su iglesia, que se inauguró el pasado agosto y que hoy día vuelve a brillar entre las ruinas de Polituara.

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